19 octubre 2014

4. Un "no artículo" sobre La Serena

Ha sido Director Técnico de Confederación Hidrográfica del Guadiana y Subdirector de General de Proyectos y Obras de la Dirección General de Obras Hidráulicas


Me solicita Francisco Barbancho un artículo, que, junto a otros, conmemore el 25 aniversario de la puesta en explotación de la Presa de La Serena. “Tú escribe lo que te parezca” me dice.

Y me deja hecho un lío. ¡Son tantas las vivencias y recuerdos en torno a La Serena!,

Tras colgar el teléfono, me planteo el enfoque del artículo. El haber vivido tan de cerca la génesis, el planteamiento, el desarrollo y la conclusión final de tan magnífica superestructura, hace posible abordar la invitación de Barbancho desde distintas perspectivas.

Cómo no explicar, me digo, el escepticismo con que acogí el primer comentario que, junto a Juan de Flórez, me hizo una mañana Manuel Barragán, en las antiguas oficinas de la Confederación (planta 8ª del Ministerio, si no recuerdo mal). Resulta que Manolo, en sus largos deambulares por la zona, se había enamorado de una cerrada, dentro del embalse del Zújar, en la que podría ubicarse una presa capaz de almacenar más de 3.000 Hm3. Si a eso le añades, decía entusiasmado, que esa capacidad de embalse no es ni mucho menos exagerada, habida cuenta el histórico de aportaciones del Zújar, la conclusión es que hay que construir esa presa. 

Confieso ahora que no creí, en ese momento, que aquello fuese a llevarse a cabo. 

En esos pensamientos andaba yo, cuando me vino a la memoria lo sucedido unos cuantos meses más tarde, momento en el que, siendo ya Director de la Confederación, me tocó defender ante la Dirección General de O. Hidráulicas el proyecto que Barragán había sacado adelante. ¡Lo que costó que se licitara de manera ordenada, para evitar bajas disparatadas!  (el precedente de la presa de Alange, que viví  de cerca, se tuvo muy en cuenta).

Todo esto, me dije, deberías comentarlo en tu artículo; sin olvidar cuando, comenzadas ya las obras se presentó Manolo en mi despacho y me soltó, así, a botepronto, que se les había ocurrido (a él y al contratista), que facilitaría mucho la ejecución de las obras si se pudiera “agujerear” la presa del Zújar para así semivaciar rápidamente el embalse del mismo nombre. “¿Y como se os ha ocurrido hacerle ese agujero a la vieja presa, pregunté, temiéndome, la respuesta?”  Mediante voladuras, contestó, eso sí, muy controladas. Luego, añadió para tranquilizarme,” rellenaríamos el agujero, faltaría más”.  La venta de la idea a la Dirección General, no fue fácil. Aun recuerdo la cara del entrañable Alvaro Perea (Subdirector General de Proyectos y Obras) diciéndome:” Tú sabrás niño… A mí como que me parece arriesgado, pero si lo apoyáis todos pues”…

Otro enfoque distinto del encargo, reflexioné, pudiera ser el de centrarlo en la construcción de la presa, relatando alguna de la incidencias y anécdotas que ocurrieron. Una de ellas, que me impresiono vivamente, tuvo lugar al romperse de repente uno de los gruesos cables de acero del andarivel (no me gusta lo de blondín), cayendo zizagueando al bloque que se estaba hormigonando en ese momento, sin que milagrosamente (Santo Domingo de la Calzada debía andar cerca) causara daño alguno a ninguna de las personas  (más de 10)  que por allí trabajaban.  Claro que eso podrían escribir con más propiedad otras personas, concluí. Mejor podrías referirte al encargo que, ya como Subdirector General de Proyectos y Obras me hizo el ministro Cosculluela a través de José Rubió  (Director General de O. Hidráulicas) para organizar y coordinar con la Confederación, la inauguración de la presa por los Reyes Don Juan Carlos y Doña Sofia. 

Nos pusimos a ello inmediatamente y una tarde nos presentamos en la Moncloa, donde nos había citado Don Tomás Chávarri, Jefe de Protocolo del Estado, para mostrarle lo que, con la inestimable colaboración de especialistas de Dragados y Construcciones, se había preparado. Por cierto que le pareció bien casi todo, aunque nos hizo añadir alguna cosa, que me reservo para mí. 

¿Y  no te vas a referir, me pregunté, a la inauguración? Como no contar la frustración de la primera visita fallida, por la niebla que impidió aterrizar el helicoptero real. Y de cómo la Reina solicitó que la abundante comida que habíamos dispuesto, fuese repartida a los asilos de ancianos de la zona. Y la promesa de los Reyes de que volverían en breve, como así ocurrió.

O mejor no cuento nada de lo que he pensado hasta ahora y dedico el artículo simplemente a relatar anécdotas de la  inauguración (en el buen entendido de que otros articulistas se encargarán de glosar aspectos más serios y más técnicos). Y así hablar del interés de la Reina Sofia por todos los detalles de la obra y de como Pepe Luna y yo mismo le mostramos unas tumbas romanas y unos preciosos mosaicos  que se habían descubierto en los alrededores de la obra. O del asombro de todos al internarse, sin bajarse del autobús, en las entrañas de la presa, una muestra más del genio innovador de Manuel Barragán. 

Y ya que te refieres a Barragán, como no reivindicar y poner en valor la figura señera de Don Manuel Barragán Sebastián, Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, manchego de nacimiento, extremeño de vocación y corazón, padre y madre de la Serena (y de algunas obras más), persona de gran cultura, amable y conversador, siempre discreto, magnifico profesional dotado de una inteligencia poco común. Y al que por cierto Extremadura le debe un público y merecido homenaje, que yo me atrevería a solicitar desde aquí. 
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A estas altura, navegaba yo por un mar de confusiones, abrumado por tantos recuerdos, por tantas y tantas cosas que podría contar, sin saber que incluir y que no en el dichoso encargo, que tomé la que creí más drástica y sabia de las decisiones: me excusaría y declinaría el ofrecimiento de Francisco Barbancho. 

Y eso es lo que hice. Perdón, Paco.





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