26 noviembre 2014

Las razones de ser y de actuar en las vegas del Guadiana



Las actividades de la Confederación resultan desconocidas para el gran público excepto en determinadas situaciones.

En los medios de comunicación se suele atender lo inmediato, es habitual la aparición en su minuto de gloria, o no, de determinados profesionales que aparecen representando su papel en momentos importantes, o no tanto, para el consumo informativo que la sociedad actual demanda, o no, y olvida al mismo tiempo.


Esos hechos cotidianos son presentados en televisión, tertulias y redes como socialmente relevantes para que la opinión pública pueda ejercer su consagrado derecho a la información.

Una de las noticias periódicas y diarias que mas acogida tiene es la información sobre el tiempo, la climatología en general y en la cercanía, la pluviometría o temperatura del siguiente fin de semana en el que nos vamos a ir de puente. Es la inmediatez de la información el hecho relevante, el medio antes que la noticia más que la noticia en sí misma, como preconizó  Marshall Mac Luhan. Si lo ha dicho la tele, es verídico. El bucle queda completo con lo de es verdad porque lo han dicho en el telediario, en  El Tiempo.

Denominadas mediante expresiones que han hecho fortuna, gota fría, tormenta perfecta, ciclogénesis explosiva, el gran público, soberano y creyente se sorprende cuando en la aldea vecina, el pueblo próximo, la limítrofe Comunidad, son sorprendidos por fenómenos adversos, formalmente fracciones del Diluvio Universal.

Algún sabio del lugar, ferviente entendido del Calendario Zaragozano o alguna persona de edad, aseveran ante los medios que ellos no han conocido nada semejante en sus predicciones o en la marca que el puente presenta desde el año 1945 ó 47, no me acuerdo, la memoria, ya sabe….

Cuando el flujo alcanza hasta la insospechada cota del cajón de la cubertería en el salón, inunda garajes e instalaciones varias, la preocupación es grande y legítima y la declaración que asoma de inmediato en las entrevistas in situ es que ello no debería volver a ocurrir…

Términos tales como hidrografía, regulación, tiempo de concentración, caudales entrantes, regulados y salientes, riadas, avenidas y crecidas, laminación, avenamiento, deslinde demanial, zonas inundables, protección de márgenes, encauzamiento, etc, etc… pertenecen al conjunto terminológico menos difundido y desconocido para la opinión pública y la publicada.


Por demás, apenas se hace mención en esos episodios a la incidencia en la catástrofe de la plasmación sobre el terreno de determinados Planes Urbanísticos, Normas Subsidiarias de Planeamiento, etc del municipio, que han olvidado, soslayado, o no han sabido o querido reconocer que el Río, Torrente, Barranca, Quebrada, Rambla, Arroyo, etc…, siempre ostentan sus Escrituras de Propiedad más tarde o mas temprano.
                             
Las imágenes que se presentan en los medios son recurrentes en tanto en cuanto aparecen determinadas zonas inundadas, cíclicamente las mismas a igualdad de lugar, con la consabida coletilla de hasta aquí llegó el agua… Nulo análisis y ausencia de opiniones de “expertos contrastados”. Adolecería de impacto mediático para abrir un bloque de noticias.
                                    

Estas variables, tan acercadas a la curiosidad y al comentario ciudadanos como lugar común y rápidamente desechadas, son adquiridas y analizadas con rigor y profundidad, como hechos causales antecedentes, en otros ámbitos más conocedores de sus consecuencias. Ese estudio, apenas divulgado en el quehacer común y en la comunicación, es la Hidrología y el comportamiento hidrográfico del río y de aquéllos que están capacitados para conocerlos. El río en su amplia acepción que comprende todo tipo de tipologías como receptáculo final de las precipitaciones.

Aunque, en otro orden de cosas, Jorge Manrique versificaba que “nuestras vidas son los ríos que van a parar al mar, que es el morir”. Los ríos son vertebradores de vida en el territorio, los ríos son nuestra vida, contrario sensu, como  nueva circulación plasmática o de savia, similar a las de los cuerpos animales  y vegetales.

Eximios cultivadores de la Nueva Cultura del Agua que tan de la mano con los otros apóstoles del Cambio Climático han alcanzado reconocimiento y ferviente auditorio, proponen, en su versión más radical, la cancelación de determinadas presas y la restitución de los ríos a su estado natural anterior.  Se trataría en definitiva de la devolución del río a sus ancestrales márgenes, siguiendo, poco más o menos el modelo nilóico, el cíclico del Bajo Nilo,  que después de todo, recordemos, se encuentra aguas abajo de una Presa, la de Assuán.

¿Cuáles son esos equipos de estudio y como responden al comportamiento de la crecida en los ríos? No se trata de ninguna Administración de nueva hornada ni una agencia nueva ni un Organismo de reciente creación, como tantos que invaden, fedatarios de la nada, la denominada “Administración Paralela” de nuestros días.

Presa de Montijo en construcción
La Confederación Hidrográfica del Guadiana sirve a la Comunidad social bajo todas las formas políticas de Gobierno que han transcurrido desde después de la Guerra Civil. Muchos colectivos sociales y mediáticos desconocen que desde el Plan de Obras y Servicios del Cijara, auspiciado por Lorenzo Pardo en la II República, se iniciaron las obras de construcción de la Presa del mismo nombre y las de Montijo a finales de los años treinta del pasado siglo.
     
Ya en los años cuarenta,  y puesto que el Río no entiende de política, podía decirse que el Guadiana comenzaba a ser contenido en su feraz desparrame por sus Vegas. Pese a ello, el indómito Río se resistía a ser “civilizado” y por ello mostraba su poder en avenidas como las de año 1947.

¿Este sería el deseable modelo que se preconiza?

                                   

                                 
Las presas y embalses, como riendas que domeñaban al cauce antaño violento, se iban consolidando en el álveo principal y sus afluentes. Los Servicios Técnicos del ahora Organismo de Cuenca podían predecir con cierto grado de anticipación como iba a comportarse el cauce en las avenidas de distintos períodos de retorno. Además, la experiencia de tantos años como instrumentación primigenia, formaba parte del conjunto de herramientas de las que se iban disponiendo año tras año, merced a las nuevas tecnologías de la información y su comunicación.

Las avenidas se laminaban, se regulaban, se mantenían los caudales para que las curvas de salida en los hidrogramas  se tendieran en el tiempo como una ola que muere en la orilla.

Todo ello se hacía y se hace sin dar tres cuartos al pregonero, sin alharacas mediáticas, aportando la información precisa y suficiente a la población, por la simple razón de que ese era el objeto del Servicio y así había sido siempre a lo largo de generaciones de Ingenieros.

En estos últimos tiempos de sensacionalismo amarillista la producción de noticias se convierte en el desiderátum de algunos medios. Se invoca el viejo adagio periodístico de que “no dejes que la verdad te estropee una buena noticia”. Si la información relevante la conforma la crecida del río y sus efectos en determinadas épocas del año, conviene para algunos crear el clímax de incertidumbre que permita engrosar el rumor noticiable y que genera convocatorias de curiosidad social.
       
El turismo social de avenidas. Los selfies de los desembalses.
Además se incorporan nuevas entidades que, en su legítimo cometido en aras de la seguridad, abordan la problemática desde el punto de vista del riesgo potencial y que necesitan información ajustada para no crear alarma social, para no anticipar acciones que no son estrictamente necesarias ni siquiera para curarse en salud, pero que justifican su horario y esporádica intervención, por otra parte imprescindible.

Antes de todo ello, en la avenida de 1997 sólo los servicios del Organismo alcanzaron a conocer sobre el terreno y a través de medios de comunicación precarios, de visitas a puntos conflictivos y noches sin dormir, la magnitud del evento y la catástrofe. Al término del desastre se mostraron muchas evaluaciones, pero según tenemos entendido no hubo ningún caso de imputación de responsabilidades, porque no habría por que tenerlas.

En cambio, ciertos estamentos y masas sociales comunitarias han proferido críticas a propósito de las avenidas estos años atrás poniendo en duda la información suministrada y la oportunidad de respuesta a las situaciones, sin dejar que la experiencia trabaje y creando alarmas innecesarias. Algunos particulares han formalizado legítimas reclamaciones en el Organismo y en sede judicial por daños que el río produce cuando se invade su álveo, entre toda modalidad de casuística.  Además, han proliferado expertos extramuros que determinaban, ufanos, lo que ellos ya sabían previamente sobre compuertas y su momento de accionamiento. La ignorancia sigue siendo alocada e inconsecuente.

Todas estas actitudes que ponen en duda la gestión de los verdaderos y experimentados conocedores, parecen pretender levantar la veda de la responsabilidad civil, con temerarias imputaciones, que sólo esconden (y es cada vez más notorio en esta sociedad) la búsqueda compulsiva de la indemnización disimulada  bajo la muletilla de que “lo que realmente quiero es que no vuelva a ocurrir”

       

Por todo ello, es deseable que nos dejen trabajar, que sabemos como dejar  al río laminarse con sosiego en sus mares de tierra adentro, oxigenarse hasta convocar peces al pie de sus aliviaderos y desagües y desde “O Grande Barragem de Alqueva”, caminar hacia Ayamonte, hasta el mar, que “es el morir”, de la misma manera que “ los señoríos, derechos a se acabar e consumir”…

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