09 enero 2015

REGULACIÓN Y LAMINACIÓN

El propósito de este artículo es el de acercar al público en general unos conceptos ampliamente utilizados en el mundo de las presas.

Es habitual que los que nos dedicamos a la explotación de estas infraestructuras hidráulicas digamos en las visitas que recibimos que una de las funciones principales de las mismas es la de proporcionar agua para  abastecimiento, riego, producción de energía eléctrica, usos recreativos, mantenimiento del caudal ecológico, etc. Y a todo esto le añadimos los términos de regulación y laminación de avenidas.


Es en este momento cuando hay que hacer un ejercicio especial de pedagogía e intentar explicar con sencillas palabras estas importantísimas funciones que cumplen las presas.

El caso de la regulación quizá sea el más sencillo de explicar. Como todo el mundo conoce el agua procedente de la precipitación se presenta de una forma caprichosa tanto desde el punto de vista del momento como de la localización en el territorio. Esto es particularmente importante en nuestro país, donde estas diferencias son mayores que en otros lugares del resto de Europa donde digamos que “llueve de una forma más uniforme”.

Por lo tanto estamos ante una situación en la que durante mucho tiempo, incluso años, la precipitación es muy reducida frente a otros años en los que es muy abundante. La solución es sencilla: almacenar agua cuando sobra para luego emplearla cuando haya escasez. Ese es el concepto de regulación. Cuanto más regulado esté un río o un sistema de ríos mayor será la garantía de que no nos falte agua para los usos antes mencionados.

La segunda función es la de la laminación o, más concretamente, laminación de avenidas. Antes se ha mencionado que la naturaleza dispone el agua sobre el territorio de una forma caprichosa. En muchos casos lo hace de forma brusca y esa intensidad hace que se produzcan avenidas de agua que si no son tratadas de forma adecuada pueden producir cuantiosos daños personales y materiales.

Lo que se consigue con la acción laminadora de los embalses es que esa avenida de agua que irrumpe de forma violenta en el vaso del embalse se reduzca y se apacigüe por la forma del mismo. La presa retiene o almacena agua de forma temporal que se va evacuando poco a poco una vez que ha pasado la punta de la avenida. Es un efecto parecido a cuando tenemos una bañera con el tapón quitado y el grifo abierto al máximo (simulando que llueve mucho). Al principio la bañera se va llenando mientras sale mucha menos agua de la que entra. A medida que el grifo se cierra (deja de llover) el nivel de agua baja y sigue saliendo agua de forma más lenta por el desagüe.

El efecto real que se produce en un embalse es todavía más ventajoso por la propia forma del terreno que ocupa el agua ya que a medida que sube el nivel del embalse la superficie del mismo es mayor y por lo tanto a igualdad de incremento de nivel digamos que “cabe más agua”.

La laminación de avenidas tiene un efecto secundario perverso y es que el público general no conoce cuál es la avenida que llega a la presa pero sí aprecia la que sale de las mismas ya que es la que puede afectarles. Es decir no se conoce lo que podría haber ocurrido si no estuviese la presa.

En la actualidad, sólo gracias al testimonio de personas que han vivido riadas importantes en el pasado y a marcas en determinados lugares donde se indica hasta dónde llegó el agua nos podemos hacer una idea de cómo de desastrosa puede llegar a ser una avenida sin que sea laminada por el efecto de los embalses.



Álvaro Paniagua De La Calle

Es Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos y actualmente desarrolla su labor profesional
 como Jefe del Servicio de Explotación de Vegas Bajas de la Confederación Hidrográfica
del Guadiana


No hay comentarios:

Publicar un comentario