01 febrero 2015

12. En el fondo del Zújar



Igual que a todos los que nos han precedido en este espacio, nos dirigimos a todos los lectores, para que, desde distintas áreas compartamos la alegría de celebrar los 25 años de la inauguración de una de nuestras grandes joyas, la gran Presa de La Serena.

Poco entendemos de cuestiones técnicas, temas que dejamos para los grandes especialistas que nos han deleitado con su saber a través de este medio, aportándonos detalles de valor incalculable acerca de  la construcción de tan “faraónica” obra, como ya se la ha calificado. 

Al igual que las construcciones romanas, nuestra presa se ajusta perfectamente a los cánones constructivos marcados por el gran Vitruvio: “firmitas” y “utilitas”. Cumple perfectamente la función para la que fue creada y además promete ser un perfecto ejemplo de solidez que daremos en herencia a las futuras generaciones para que puedan disfrutar de ella.

Si hay un elemento que da coherencia y explica la ubicación de los distintos poblamientos a lo largo de la historia, ése es el agua. Allá por la prehistoria no existía la concepción del espacio que hoy tenemos. No existía la demarcación comarcal, más o menos artificial, con la que hoy dividimos en noreste pacense. Desde un punto de vista geográfico actual, nos movemos en la confluencia entre las comarcas de La Serena y La Siberia y entre las comunidades autónomas de Castilla-La Mancha, Andalucía y Extremadura. El gran eje vertebrador es el cauce del  Zújar para terminar en el Guadiana. El agua siempre ha sido un elemento unificador, fundando pueblos y contactando culturas.

La Presa de La Serena está ubicada entre los términos municipales de Castuera y Esparragosa de Lares, a escasos kilómetros aguas arriba de la presa de El Zújar. Su superficie inundada afecta a los municipios de Castuera, Cabeza del Buey, Peñalsordo, Garlitos, Capilla, Sancti-Spíritus, Siruela, Puebla de Alcocer y Esparragosa de Lares, gran y riquísimo espacio desde un punto de vista pre y protohistórico. Las aguas de estos ríos esconden los testimonios más antiguos de las actuales comarcas de La Serena y La Siberia, comarcas que han servido de nexo de unión entre las Vegas del Guadiana y del Guadalquivir, así como de la zona minera de La Meseta. Entre ellas se establecía, sin duda un intercambio comercial y de culturas, así como el aprovechamiento de los ricos recursos y la demarcación de un territorio controlado por cada grupo. Porque, tal como nos recordaba el profesor Sebastián Celestino, son los pueblos indígenas los que encuentran el territorio más idóneo para establecerse, dejándonos a nosotros la tarea de rastrear los testimonios que nos dejaron y que nos aportan nuestras señas de identidad. 

Pero si estas comarcas fueron y son ricas en agua, no lo fueron menos en metales, condiciones idóneas, sin duda para establecerse aquí poblamientos desde la Edad de Los Metales.

Ya en el Paleolítico Inferior entre Capilla, Esparragosa de Lares, Peñalsordo y Puebla de Alcocer, encontramos restos que nos hablan de grupos reducidos de cazadores que se desplazan estacionalmente por los valles fluviales en busca de alimento.

De la Edad del Cobre conservamos las pinturas esquemáticas de La Serena y La Siberia, uno de los principales enclaves de Extremadura.

Entre las Edades del Bronce y del Hierro, se completa la protohistoria de esta zona, a la vez que tienen lugar los fenómenos más ricos y originales de su arqueología. Las civilizaciones orientales llegan a través de Andalucía por Tartessos y el impacto de lo indoeuropeo por la Meseta. Esta fusión cultural culmina con la romanización.

Durante estos períodos, el patrón de poblamiento son los poblados fortificados en altura sin cercanos a los ríos, ocupando una posición estratégica muy favorable para los intercambios comerciales. En ellos domina una élite de pastores, dueños de ganado, y guerreros que nos hablan de una jerarquización social a través de los objetos de importación impresos en las estelas de guerrero, como la que pasaremos a comentar en las próximas líneas.

Al finalizar la Edad del Bronce y en su transición con el período orientalizante, (Siglos X-VII a.C.), encontramos en los pueblos indígenas de La Serena, La Siberia y zonas limítrofes como Belarcázar o El Viso,  estelas decoradas de guerrero en Benquerencia, Magacela, Quintana, Castuera, Orellana La Sierra, Navalvillar de Pela, Cabeza del Buey,  Capilla, Esparragosa de Lares, Zarzacapilla, incluso una de ellas se reaprovecha y da paso al interior del Palacio-Santuario en Cancho Roano (Zalamea de La Serena) y otras están grabadas en los abrigos de las Sierras de Helechal  junto a las pinturas esquemáticas.

En los elementos que en ellas se representan, según la mayoría de los investigadores, se funden influencias indígenas con los indoeuropeas, atlánticas y mediterráneas, fruto de una interacción cultural y comercial existente en torno a nuestros ríos. Su finalidad parece ser que estuvo relacionada con elementos funerarios o como límite de los territorios de una élite de poder reflejada en los elementos de prestigio.

Las llamadas estelas del Zújar,  suelen ser ejemplares pequeños en las que aparece una figura humana con armas y algún objeto de prestigio.

Como ejemplo, vamos a comentar un poco más en profundidad la estela de Castuera, anteriormente llamada de Esparragosa de Lares I. Fue localizada en una zona de inundación del margen izquierdo del embalse del  Zújar.  Descubierta  en 1983 por D. Francisco Ruíz Martín y entregada al Museo Arqueológico de Badajoz por D. Cándido Fernández Ledesma. Está realizada en esquisto pizarroso presentando un estado de conservación, en general, aceptable.

La figura humana aparece al centro, marcando un eje de simetría vertical. El guerrero aparece  con cabeza ovalada, casco de cuernos con cinco puntos entre los mismos, largo tronco y piernas y brazos en forma de V. Las manos y los pies presentan cuatro dedos y un trazo horizontal a la altura del pecho.
Como armas, un escudo de un solo círculo con abrazadera horizontal entre la mano y pierna izquierdas, espada al cinto, lanza vertical a la derecha del guerrero con larga hoja hacia abajo.

Los objetos de prestigio son un peine de cuatro púas a la altura del hombro derecho, una fíbula de codo con aguja y resorte a la altura del brazo izquierdo y un espejo ovalado bajo la mano derecha.

Por la forma del casco, muestra similitudes con la de Magacela, no lejos del cauce del Guadiana y con una de las grabadas en los abrigos de Helechal.

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Por todo lo expuesto, el agua es siempre un elemento presente en todas las civilizaciones y culturas, el bien más preciado para el establecimiento del poblamiento humano y es en sus alrededores donde debemos buscar nuestros orígenes, esos que todavía descansan bajo las aguas del Zújar. 


FUENTES:

     -ENRÍQUEZ NAVASCUÉS, J.J. y CELESTINO PÉREZ, S.: “Nuevas estelas decoradas en la cuenca del Guadiana”. Trabajos de Prehistoria, Volumen 41. Madrid, 1984. Pp. 237-250.
    -GONZÁLEZ LEDESMA, C.: “Estelas decoradas de Extremadura”. 2007. cgonzaleled@gmail.com.





1 comentario:

  1. Interesante artículo. Rastrear nuestros orígenes es comprender nuestro presente. Lo originario persiste y pervive en el inconsciente colectivo. El agua es fuente de vida, el agua civilizada de humanidad, Según Tales de Mileto el " fondo" originario, el principio a partir del cual todo se genera. Excelente Blog. Saludos desde las Vegas Altas del Guadiána.

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